Esta semana, medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de la historia, que citaba como fuente a la empresa de ciberseguridad Fortinet, y la presentaban como la ilustración perfecta de cómo los hackers pueden explotar la tecnología más mundana con una maldad épica. «Este ejemplo, que parece un escenario de Hollywood, ocurrió en realidad», escribió el periódico suizo.
Según el artículo, el ataque se produjo porque los cepillos tenían una vulnerabilidad en su firmware que permitía a los hackers tomar el control remoto de los dispositivos y utilizarlos como una red de bots para lanzar el DDoS (un tipo de ciberataque que consiste en enviar una gran cantidad de solicitudes o paquetes de datos a un servidor o dispositivo para saturarlo).
Excepto, por supuesto, que no fue así. Los profesionales de la ciberseguridad no tardaron en señalar que la historia no estaba respaldada por ninguna prueba, y que era absurda a primera vista. Ninguna empresa dio la voz de alarma, las autoridades no alertaron del ataque, y no hay datos sobre usuarios quejándose sobre cómo sus cepillos de dientes dejaron de funcionar


